" ¿ Y QUIÉN LIMPIA LO QUE ENSUCIAN LOS GATOS ? "



Cada pueblo y ciudad hay una pregunta que se repite como un eco en las aceras: “¿Y las cacas de los gatos callejeros quién las limpia?”


Campillos no iba a ser menos. Los vecinos se quejan, los voluntarios escuchamos, y los gatos… bueno, ellos siguen a lo suyo, que bastante tienen con sobrevivir.

Lo primero que hay que entender es que las colonias felinas no aparecen por capricho ni porque nosotras “QUERAMOS GATOS EN LAS CALLES”. Están ahí porque hay abandonos, porque durante años no se esterilizaba y porque nadie se hacía responsable. Ahora que se gestionan de forma organizada, salen también las preguntas incómodas, y una de ellas es la limpieza.

Es verdad que los gatos pueden hacer sus necesidades en lugares poco agradables: un portal, una acera, un escalón recién fregado. Y sí, resulta molesto. Pero también es cierto que no son las voluntarias quienes deben sustituir al servicio de limpieza municipal. Nosotras dedicamos tiempo y recursos a alimentar, esterilizar, controlar camadas y dar asistencia veterinaria. Si además tuviéramos que ir fregona en mano detrás de cada gato, directamente sería imposible.

Eso no significa que no nos importe. Al contrario: buscamos reducir al máximo estas molestias. Por eso se procura dar de comer en sitios discretos, alejados de zonas de paso, para que los gatos no se concentren en portales o calles muy transitadas. Y por eso también pedimos comprensión: la mejor manera de que haya menos suciedad es tener colonias controladas y esterilizadas, no abandonadas a su suerte.

Aquí entra en juego la responsabilidad de todos:

  • El ayuntamiento, con limpieza viaria adecuada y apoyo al método CER.

  • Las voluntarias, con cuidado, control y dedicación.

  • Los vecinos, con paciencia, respeto y evitando actitudes que solo generan más problemas (como echar lejía o veneno).

Al final, los gatos no eligieron estar ahí. Los pusimos nosotros, como sociedad, cuando permitimos que se abandonaran y se reprodujeran sin control. Ahora nos toca gestionar con sensatez y empatía, porque los animales no tienen la culpa.

Así que, la próxima vez que alguien diga: “¡es que se cagan en mi escalón!”, recuerda que la solución no es enfadarse con los gatos ni con quienes los cuidamos… sino remar juntos para que Campillos esté más limpio, más justo y, sobre todo, más humano.


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